Por edad y años de militancia soy de una cultura de partido diferente, ni mejor ni peor, entiendo; la norma era hablar sobre las cuestiones de partido en las asambleas, ejecutivas, comités y congresos y públicamente solo debía hacerse cuando no se perjudicara aquello que denominábamos la imagen de partido.
En mi memoria ese planteamiento de lavar en casa la ropa sucia, empezó a resquebrajarse allá por el lejano 1987 cuando Nicolás Redondo, Secretario General de la UGT dimitió como diputado del PSOE con las consiguientes y variadas manifestaciones al no aceptar los Presupuestos Generales del Estado de 1988. Todo ello trajo consigo la huelga y cierre patronal de 14 de diciembre de 1988.
Ha llovido mucho desde entonces y el entendimiento del partido como instrumento al servicio de la sociedad ha cambiado y seguramente lo ha hecho más cercano, transparente y democrático porque hoy la sociedad es más madura y así lo exige.
Aquella cuota del 25% ha derivado en la paridad entre sexos, los votos por delegación en los congresos ha dejado paso al voto individual, aunque a mi entender no todo han sido avances en la dirección adecuada, prefería, es una modesta opinión, la dirección elegida colegiadamente en los congresos que el actual y excesivo poder que se confiere al Secretario General en la confección de la Comisión Ejecutiva al haber sido elegido aquel previamente.
Las primarias para elegir candidatos y ocupar responsabilidades públicas, las más importantes son aquellas que deciden el candidat@ a la Presidencia del Gobierno, están muy bien, pero como no hay establecida una ley al respecto que obligue a todos los partidos, coincidiremos en que solo se celebran cuando un partido carece de liderazgo, tal vez porque los verdaderos lideres simplemente emergen.
Pero ahora no estamos en momento de primarias a pesar de que los medios de comunicación así lo califican, confundiendo a la opinión publica y exigiendo debates entre candidatos; estamos en un proceso congresual, con dos candidat@s, de momento, a la Secretaría General de PSOE, y así hay que tratarlo y analizarlo; las primarias vendrán más tarde con programas, debates y seguramente con participación de los simpatizantes.
Ahora nos ocupa el Congreso del PSOE y la candidata Carme Chacón era a mí entender una candidata ideal para dirigir el PSOE por experiencia, capacidad de trabajo, juventud y madurez e imaginaba la apasionante idea de verla ocupar la Presidencia del Gobierno de España en un futuro, siendo socialista, mujer y catalana, una imagen muy actual, moderna, propia de siglo XXI, pero…siempre hay un pero, esa ilusión se me vino abajo hace unos meses, concretamente el 27 de mayo, cuando la entonces Ministra de Defensa renunció a presentarse a las primarias, aquello si lo eran, manifestando que en el partido no había democracia interna, atacando duramente al llamado aparato del partido y lo que es más grave, acusándolo de «poner en riesgo la unidad del partido, la imagen del presidente del Gobierno e incluso la estabilidad del Gobierno», nada más y nada menos. No comparto en absoluto estas peligrosas manifestaciones y jamás deberían de haberse realizado aunque hubiera habido un mínimo atisbo de veracidad
El colofón lo puso el día 17 de noviembre, obsérvese, tres días antes de las elecciones, al manifestar que una mujer catalana puede liderar el PSOE, lanzando su campaña a destiempo (¿primero ideas, después personas?) en la recta final de la campaña, despreciando al candidato y “ayudando” a la debacle electoral.
El candidato Alfredo Pérez Rubalcaba, es junto a Griñan, el político en activo más inteligente, preparado y con capacidad de trabajo que conozco, el más didáctico y cercano aunque no lo parezca y tras su timidez esconde conocimientos, experiencia y cultura. Ha sido aquello que se denomina un buen servidor público durante muchos años y nadie, nadie puede dudar de su eficacia en la lucha antiterrorista, así como en la batalla diaria contra los accidentes mortales en las carreteras. Estoy convencido que propiciaría un cambio en profundidad del partido y no solo estético porque se lo cree de verdad, pero… siempre hay un pero, no está en el lugar adecuado en el momento oportuno y ha cosechado los peores resultados del socialismo. Es evidente que no por su culpa, pero ello tendría que hacernos pensar si tanto Chacón como Rubalcaba son los candidatos idóneos, teniendo en cuenta que ambos han pertenecido al gobierno socialista que en verdad, siendo sinceros, es el que ha perdido las elecciones. Un gobierno, el de Zapatero, del que me siento orgulloso, que ha ocupado su tiempo elaborando leyes de un gran contenido social, propiciando la igualdad entre las personas y procurando que viviéramos más seguros. Un gobierno que en tiempos difíciles ha puesto por delante los intereses de España a los partidistas frente al oportunismo de la patriótica derecha cuyo objetivo, ya conseguido, era alcanzar el poder por encima de todo, y a quien deseo, a pesar de ello, éxito en su gestión.
¿Qué hacer ahora? El soberano Congreso decidirá con el voto de los congresistas, pero una de dos, o se afronta un cambio real y visible con personas cualificadas, con experiencia, contrastadas, pero no implicadas directamente en la gestión anterior, y las hay, estoy pensando a titulo de ejemplo y sin excluir a nadie en Jesús Cadera, Eduardo Madina, Elena Valenciano…, o se propicia una transición tranquila y serena que en estos momentos, en estas circunstancias y por múltiples razones, debería protagonizar Rubalcaba.
Decidan lo que decidan los congresistas, y aún teniendo en cuenta que es una actividad interna de partido, sus actos y decisiones tienen que estar pensados para los siete millones de votos que se obtuvieron el 20N y más aún, para el conjunto de la sociedad española que precisa un fuerte y unido partido socialista.
En mi memoria ese planteamiento de lavar en casa la ropa sucia, empezó a resquebrajarse allá por el lejano 1987 cuando Nicolás Redondo, Secretario General de la UGT dimitió como diputado del PSOE con las consiguientes y variadas manifestaciones al no aceptar los Presupuestos Generales del Estado de 1988. Todo ello trajo consigo la huelga y cierre patronal de 14 de diciembre de 1988.
Ha llovido mucho desde entonces y el entendimiento del partido como instrumento al servicio de la sociedad ha cambiado y seguramente lo ha hecho más cercano, transparente y democrático porque hoy la sociedad es más madura y así lo exige.
Aquella cuota del 25% ha derivado en la paridad entre sexos, los votos por delegación en los congresos ha dejado paso al voto individual, aunque a mi entender no todo han sido avances en la dirección adecuada, prefería, es una modesta opinión, la dirección elegida colegiadamente en los congresos que el actual y excesivo poder que se confiere al Secretario General en la confección de la Comisión Ejecutiva al haber sido elegido aquel previamente.
Las primarias para elegir candidatos y ocupar responsabilidades públicas, las más importantes son aquellas que deciden el candidat@ a la Presidencia del Gobierno, están muy bien, pero como no hay establecida una ley al respecto que obligue a todos los partidos, coincidiremos en que solo se celebran cuando un partido carece de liderazgo, tal vez porque los verdaderos lideres simplemente emergen.
Pero ahora no estamos en momento de primarias a pesar de que los medios de comunicación así lo califican, confundiendo a la opinión publica y exigiendo debates entre candidatos; estamos en un proceso congresual, con dos candidat@s, de momento, a la Secretaría General de PSOE, y así hay que tratarlo y analizarlo; las primarias vendrán más tarde con programas, debates y seguramente con participación de los simpatizantes.
Ahora nos ocupa el Congreso del PSOE y la candidata Carme Chacón era a mí entender una candidata ideal para dirigir el PSOE por experiencia, capacidad de trabajo, juventud y madurez e imaginaba la apasionante idea de verla ocupar la Presidencia del Gobierno de España en un futuro, siendo socialista, mujer y catalana, una imagen muy actual, moderna, propia de siglo XXI, pero…siempre hay un pero, esa ilusión se me vino abajo hace unos meses, concretamente el 27 de mayo, cuando la entonces Ministra de Defensa renunció a presentarse a las primarias, aquello si lo eran, manifestando que en el partido no había democracia interna, atacando duramente al llamado aparato del partido y lo que es más grave, acusándolo de «poner en riesgo la unidad del partido, la imagen del presidente del Gobierno e incluso la estabilidad del Gobierno», nada más y nada menos. No comparto en absoluto estas peligrosas manifestaciones y jamás deberían de haberse realizado aunque hubiera habido un mínimo atisbo de veracidad
El colofón lo puso el día 17 de noviembre, obsérvese, tres días antes de las elecciones, al manifestar que una mujer catalana puede liderar el PSOE, lanzando su campaña a destiempo (¿primero ideas, después personas?) en la recta final de la campaña, despreciando al candidato y “ayudando” a la debacle electoral.
El candidato Alfredo Pérez Rubalcaba, es junto a Griñan, el político en activo más inteligente, preparado y con capacidad de trabajo que conozco, el más didáctico y cercano aunque no lo parezca y tras su timidez esconde conocimientos, experiencia y cultura. Ha sido aquello que se denomina un buen servidor público durante muchos años y nadie, nadie puede dudar de su eficacia en la lucha antiterrorista, así como en la batalla diaria contra los accidentes mortales en las carreteras. Estoy convencido que propiciaría un cambio en profundidad del partido y no solo estético porque se lo cree de verdad, pero… siempre hay un pero, no está en el lugar adecuado en el momento oportuno y ha cosechado los peores resultados del socialismo. Es evidente que no por su culpa, pero ello tendría que hacernos pensar si tanto Chacón como Rubalcaba son los candidatos idóneos, teniendo en cuenta que ambos han pertenecido al gobierno socialista que en verdad, siendo sinceros, es el que ha perdido las elecciones. Un gobierno, el de Zapatero, del que me siento orgulloso, que ha ocupado su tiempo elaborando leyes de un gran contenido social, propiciando la igualdad entre las personas y procurando que viviéramos más seguros. Un gobierno que en tiempos difíciles ha puesto por delante los intereses de España a los partidistas frente al oportunismo de la patriótica derecha cuyo objetivo, ya conseguido, era alcanzar el poder por encima de todo, y a quien deseo, a pesar de ello, éxito en su gestión.
¿Qué hacer ahora? El soberano Congreso decidirá con el voto de los congresistas, pero una de dos, o se afronta un cambio real y visible con personas cualificadas, con experiencia, contrastadas, pero no implicadas directamente en la gestión anterior, y las hay, estoy pensando a titulo de ejemplo y sin excluir a nadie en Jesús Cadera, Eduardo Madina, Elena Valenciano…, o se propicia una transición tranquila y serena que en estos momentos, en estas circunstancias y por múltiples razones, debería protagonizar Rubalcaba.
Decidan lo que decidan los congresistas, y aún teniendo en cuenta que es una actividad interna de partido, sus actos y decisiones tienen que estar pensados para los siete millones de votos que se obtuvieron el 20N y más aún, para el conjunto de la sociedad española que precisa un fuerte y unido partido socialista.
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