sábado, 6 de febrero de 2010

ATOCHA 33 AÑOS DESPUES



Estos días distintos medios de comunicación han recordado lo acaecido el 24 de enero de 1977, hace ahora 33 años. Unos ultraderechistas, unos enemigos de la democracia, culminaron una semana de atentados con el asesinato, la matanza de Atocha; entraron armados hasta los dientes en un despacho laboralista, situaron a los allí presentes contra la pared y dispararon hasta que cinco cayeron muertos, acribillados y otros varios malheridos. Intentaron abortar el nacimiento democrático en los cuerpos de estos militantes de la izquierda. Afortunadamente no lo consiguieron, la ciudadanía lo impidió y hoy 33 años después podemos expresarnos libremente muy a pesar de los asesinos.
Al día siguiente de ese fatídico y lúgubre día, junto a mi querido compañero y amigo Ramón Berenguer, el que años después sería alcalde de Aspe, cogía el primer vuelo a Madrid con el objetivo de cotejar la militancia de Alicante con la dirección federal del PSOE ya que había sido elegido recientemente Secretario de Organización Provincial del aún ilegal partido.
Me llevé a Ramón, Secretario de Prensa y Propaganda porque era mayor, yo contaba entonces 28 abriles, el tenía más experiencia y por que no decirlo, aunque alguna vez había volado y había estado en Madrid en otras ocasiones me consideraba un novato en estas lides y me sentía mejor acompañado con su estilo. El vuelo fue bien pero el día era gris por lo nublado y muy triste por lo acaecido, la prensa la devorábamos con avidez, los gestos de los pasajeros eran sombríos, el temor a revivir un pasado sangriento evidente y el abatimiento encogía los corazones. Tempranito estábamos en García Morato, sede del PSOE entonces, yo nervioso e ilusionado recuerdo, cogimos el ascensor y en el cuarto o quinto piso, no estoy seguro, tocamos el timbre varias veces pero nadie abrió. De nuevo estábamos en la calle, hacía un día muy frío, entramos en una cafetería y nos dispusimos a esperar café en mano
Al rato aparece Miriam, la secretaria personal de Felipe y con ella subimos de nuevo y al abrir la puerta observamos que las luces estaban encendidas, pensamos con pavor que alguien estaba dentro y la imagen de Atocha apareció en nuestras mentes y retinas, Miriam no se atrevía a entrar y tras nosotros y tras nuestro miedo recorrió todas las estancias del piso comprobando que no había nadie y que al parecer los compañeros no apagaron las luces al marcharse, seguramente con prisas, la noche anterior.
Tranquilizados los ánimos, efectuados los comentarios pertinentes con la risita nerviosa que teníamos los tres instalada en nuestra cara aún aterida de frío, suena el timbre Miriam abre la puerta y aparecen dos números de la Guardia Civil con el arma reglamentaría en la mano. Resultará fácil de entender nuestro pasmo, nuestro susto, nuestro espanto y nuestro sobresalto. Ya la hemos jodido, pensamos.
Buenos días nos dijeron, tenemos orden de protegerles, dennos una sillas para estar aquí cerca de la puerta de entrada. Efectivamente desde ese día y por orden del Presidente Suárez los partidos políticos, incluso los ilegales, tuvieron protección del Estado, haciendo fracasar aún más las intenciones que los asesinos llevaban en su munición.
Cumplí mi cometido, realicé mi trabajo, comprobé en un anticuado fichero que invitaba a ponerse aquellos antiguos manguitos sobre las mangas, que no llegábamos a seiscientos militantes, la mayoría de Elche y que el número de Agrupaciones Locales no alcanzaba las veinte.
Pudimos constatar con sorpresa que el famoso aparato del PSOE, tan admirado y reverenciado estaba conformado solo por Alfonso Guerra auxiliado por Manolo Marín, después artífice de nuestro ingreso en Europa y posteriormente Presidente del Congreso y Carmeli Hermosín hoy diputada, ayer consejera andaluza y presente desde la famosa foto de la tortilla. Estos fueron los que nos atendieron, con ellos intercambiamos impresiones y con ellos nos relacionamos durante muchos años al objeto de fortalecer y engrandecer el partido.
Antes de marcharnos arrancamos a Felipe, a quien conocimos allí en un pasillo, el compromiso de visitar Alicante, extremo que cumplió meses después abarrotando el Rico Pérez en un mitin previo a la campaña de las primeras elecciones democráticas de junio de ese año.
El regreso por la tarde fue bien, el vuelo magnifico y el suave aterrizaje no solo nos posó sobre nuestro querido Alicante, nos depositó en la democracia, en la libertad, en la tolerancia, en el dialogo, en el compromiso, en la solidaridad que estos mártires de Atocha, como otros, no pudieron disfrutar pero con su sangre y sus vidas, muy a pesar de sus verdugos, abonaron esta España democrática.