Nos conocimos hace un cuarto de siglo en un campo de golf, en La Marquesa, teníamos los mismos profesores, Goyo primero, Pascual después y veinticinco años compartiendo la práctica y la pasión de este deporte dan mucho de si, son muchas horas juntos viajando a distintos campos de Alicante, Valencia, Murcia, Albacete, lugares que permitieran, por su cercanía dormir en casa, a Jesús no le gustaba nada, salvo extrema necesidad, pernoctar fuera de su domicilio; es mucho tiempo caminando o en buggy detrás de una bola charlando y sobre todo porque en el golf uno se manifiesta tal y conforme es, eres tu propio arbitro, tienes que jugar la bola donde reposa, contar tus golpes, autopenalizarte si hay motivo para ello, respetar las normas de cortesía, jugar cuanto de toca, ayudar al compañero-contrincante a buscar su bola, dar paso a los que juegan más rápidos y respetar a la naturaleza dropando la bola para no dañar a un árbol en crecimiento o por encontrarte un hormiguero(era un enamorado de los animales incluso de los toros, no de las corridas, y en su familia hay un veterinario y perspectivas de más) Jesús era un caballero de este deporte conocido por todos y admirado por muchos y con amistades tan de renombre golfístico como Miguel Ángel Jiménez.
Con un driver en la mano he aprendido mucho de él, competitivo a más no poder en el deporte, jamás se rendía, gran conversador, preocupado siempre por la actualidad, adquiría y leía a diario periódicos provinciales, nacionales de distintas opciones políticas, hay que contrastar la información y leer entre líneas, decía, (aunque se sabía donde tenía su corazón) y la prensa color salmón, la económica; generoso con sus amigos e incluso con las personas que no conocía, dispuesto a devolver a la sociedad lo que ésta le había proporcionado, presidiendo la Cruz Roja o donando parcelas para dotaciones sociales en su querida Novelda, que orgulloso estaba de la avenida dedicada recientemente a su padre, y que satisfecho estará en el más allá con su título de hijo predilecto de su Novelda, como lo estaba, en su modestia, de los distintos galardones recibidos en calidad de empresario y sobretodo de el Importante de Información; cumplidor con sus promesas no dejó de asistir a misa en días de precepto por habérselo prometido a su madre antes de morir ella; con un poder de convocatoria envidiable, he asistido a comidas de Jesús rodeado de rectores, exrectores y vicerrectores de la Universidad de Alicante. Valía la pena, como se ve, compartir las horas con el.
Sus grandes pasiones en verdad eran su familia y su empresa. He tenido la fortuna de que me abriera la puerta de su casa, donde podía acudir sin preavisos y con la complicidad que significa entrar por la intimidad de la cocina, he conocido el amor que sentía por todos ellos, por su mujer María, por sus hijos, sus hermanas y por sus nietos y como la última, Carmencita también, ha alegrado los últimos tiempos de su vida.
De su empresa estaba muy orgulloso, cuantas anécdotas me ha contado de viajes, de especias, del nacimiento de el paellero, alguna de ellas reseñadas en su libro de La Nit al Matí, de las dificultades de la empresas familiares, del éxito de llegar a la tercera generación, de la transformación que conlleva pasar de el envasar a mano el azafrán en sus bolsitas a las sofisticada maquinaria que lo hace absolutamente todo. Y todo ello sin un despido, Alberto, me decía absolutamente orgulloso y yo más orgulloso aún haber disfrutado de la amistad de este gran hombre.
Descanse en Paz Jesús Navarro Valero