Es un día como otro, de hace un par de años, aparco el coche, cojo las bolsas reciclables, introduzco un euro en la ranura del carrito de la compra, entro en la gran superficie y antes de consultar la lista de la compra me entretengo, como siempre, en los estantes de libros por si hay alguno que me interesa. Hay uno pequeño, por el tamaño solamente y además económico, titulado ”La ciencia y la vida”. Relata una magnifica conversación del escritor y economista José Luis Sampedro y el eminente cardiólogo Valentín Fuster que se desarrolló en agosto de 2007 en el Parador de Cardona. Hablan y nunca mejor dicho, de lo divino y lo humano, de la genética, de la ética y la responsabilidad, de la amistad, del amor, del humanismo, de la jubilación o júbilo, de la enfermedad y de la muerte o la bajada del telón, entre otros importantes temas. Lectura recomendable, en mi modesta opinión, incluso he comprado algunos más como regalo. Me llamó la atención un capítulo denominado “La fuerza de lo pequeño” donde Valentín Fuster cuenta de una manera didáctica para que neófitos como yo lo podamos entender, que unas células muy pequeñas denominadas monocitos se dedican a sacar las grasas de las arterias y la convierten en colesterol bueno. Es un sistema de limpieza. El problema aparece, continúa el Dr. Fuster, cuando hay demasiado colesterol malo. En ese momento las células, como ya no pueden sacar tanto colesterol malo, entienden que su misión como mecanismo de defensa carece de sentido y deciden suicidarse. Y es durante ese proceso de autodestrucción cuando empiezan a mandar productos tóxicos que nos alertan, entre ellos el factor de coagulación. Luego el coágulo forma el infarto. De modo que el infarto surge de unas células muy pequeñas que ya no sirven para nada y deciden suicidarse. Es decir, termina el Dr. Fuster, que esas diminutas células a las que no prestamos atención, en realidad tienen un impacto impresionante. He recordado ahora lo de las células monocitos por las candidaturas que ha presentado el Partido Popular en la Comunidad Valenciana. Seguramente habrá muchos ciudadanos que estupefactos decidan comportarse como las células citadas y concluyan que ya están hartos de combatir el colesterol malo, cansados de la clase política, saturados de tanta desfachatez y resuelvan que ya esta bien, que no votan, no participan, es decir que su trabajo, como el de las células, no tiene sentido y se suiciden, y ya ven lo que dice el Dr. Fuster, la consecuencia es el infarto, en este caso de la sociedad valenciana. Esas minúsculas células que somos los electores vamos a comportarnos de una manera racional, separar la paja del grano, o sea el colesterol malo, observar y juzgar a las personas, no solo a las siglas y decidir con nuestro voto. No suicidarnos con una abstención, todo lo contrario, debemos acudir a votar a personas honradas, honestas, decentes, que miren y decidan por nosotros, no por ellos, que atiendan a los intereses de toda la sociedad, principalmente de los más necesitados, que formalicen políticas medioambientales que nos permita dejar a nuestros descendientes un mundo mejor, que desarrollen políticas activas de empleo que sometan a las escandalosas cifras de desempleados y no políticas que propicien la especulación y las ganancias rápidas sin contenido social y sobre todo que gestionen la empresa pública con transparencia sometidos al control parlamentario y con la austeridad propia de quien gasta el dinero de los impuestos ciudadanos. Eliminar la grasa y convertirla en colesterol bueno no debe ser un deseo, tiene que ser una realidad.
Despedida. Y cierre.
Hace 12 años
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